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Aprendiendo a ser papá y mamá

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Aprendiendo a ser papá y mamá

Dicen que no existe un manual de instrucciones para aprender a ser papá y mamá, que esto se aprende en el camino… pero lo cierto es que tenemos a la mano muchas herramientas para asumir el reto de la pa/maternidad con todo el compromiso que esto implica.

Ser papá o mamá trasciende el hecho biológico o legal que nos da ese título, tiene más responsabilidades y consecuencias de las que podemos imaginar.

Tener un hijo implica la importante tarea de informarse y formarse sobre este nuevo rol, sobre cuál será nuestro papel en la vida del ser que viene en camino, quien naturalmente, está dotado con toda la confianza y amor puesto en nosotros, dispuesto a creernos y seguirnos ciegamente. También,  ser padre y madre tiene un impacto social en la construcción de ciudadanía, pues de la tarea de la crianza depende el tipo de seres que participarán de la sociedad: seres responsables, respetuosos de la diversidad, con criterio y amor propio, o seres inseguros, ventajosos y violentos. Nuestra tarea como padres tiene un significativo impacto en la salud emocional, biológica y social.

Tener un hijo debe suponernos un alto en el camino para pensarnos, revisar nuestra propia historia, nuestra propia crianza, ¿qué deseamos entregarle a nuestros hijos de nosotros?, ¿qué de nuestra crianza vamos a repetir en la crianza de nuestros hijos?, ¿qué de nuestra crianza deseamos transformar para que nuestros hijos reciban algo mejor?

Examinar  nuestra propia crianza y hacer un repaso consciente de lo que no vamos a repetir con nuestros hijos es fundamental, porque de no hacerlo estaremos construyendo un eslabón más en una cadena indefectible de patrones culturales adquiridos de generación en generación, amparándonos en el hecho de que si nuestros padres lo hicieron con nosotros, es lo que debemos hacer con nuestros hijos, y así, en muchos casos, damos continuidad a  prácticas equivocadas o violentas, que tienen un efecto destructivo en la vida de nuestros hijos. Revisar nuestra historia no debe suponernos sentimientos de deslealtad hacia nuestros padres, pues también es importante reconocer que ellos hicieron lo mejor que pudieron en su tarea y que la equivocación hace parte de nuestra naturaleza humana, cumpliendo una importante función en el aprendizaje, de los errores aprendemos qué repetir, qué no, y qué mejorar. Auto examinar nuestras vivencias nos da la esperanza de que nuestros hijos puedan hacer la misma revisión para darle con consciencia a sus hijos lo mejor de ellos.

También, debemos revisar qué tanto conocemos sobre lo que nos ocupa o nos ocupará como padres en el acompañamiento en cada etapa del desarrollo que viviremos al lado de nuestros pequeños: ¿qué tanto sabemos sobre lactancia, sueño infantil, el llanto, la necesidad de contacto, escolarización, el control de esfínteres, el desarrollo psicomotriz, el acompañamiento a las naturales, necesarias e inevitables explosiones emocionales?, ¿cómo sobrevivir a los diferentes consejos y opiniones sobre la crianza?, ¿qué implicaciones tiene la llegada de un hijo en la vida de pareja? y un interminable etc.

Instruirnos en estos y otros aspectos permitirá ubicar nuestras expectativas sobre la crianza de una forma razonable, nos permitirá relacionarnos con nuestros hijos empática, consciente y respetuosamente, nos posibilitará ver lo únicos e inigualables que son nuestros hijos y sobre todo nos empoderará de energías y conocimientos para el reto más grande que tenemos los seres humanos al convertimos en padres: acompañar a nuestros hijos a convertirse en su mejor versión.

 

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PONGÁMONOS EN SUS ZAPATOS

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PONGÁMONOS EN SUS ZAPATOS

Criar desde el respeto y la empatía es posible

Te has preguntado, ¿qué puede pasar por la mente de un niño cuando le exigimos adaptarse al mundo adulto, cuando queremos que ellos vayan a nuestro ritmo? Es frecuente que el niño reciba solicitudes como: no grites, no comas con la boca abierta, no ensucies tu ropa, no te despeines, no corras, apúrate que vamos a llegar tarde y la lista sería interminable cuando de prohibiciones y órdenes se trata.  Muchas veces, este tipo de situaciones suelen terminar con gritos, pataletas, llantos y un desgaste emocional para ambos, tanto para padres como para los hijos. Nos parece difícil comprender por qué los niños simplemente no atienden nuestras órdenes, pues solemos pensar que realmente así sería más fácil para todos, cuando en realidad sólo sería fácil para los adultos.

Si hacemos el ejercicio de la pregunta inicial ante cada una de nuestras solicitudes a los niños, ¿qué pasaría? Tal vez, podríamos intentar ponernos en sus zapatos, revisar qué está pasando en el mundo de nuestro niño en ese instante que nosotros deseamos que él haga otra cosa diferente.  

Ponernos en el lugar del otro es lo que llamamos empatía, tratar de comprender el porqué de sus comportamientos y ponernos en sus zapatos puede ayudarnos a desarrollar una sana relación cuyo principio sea el respeto. Esto aplica para nuestra relación con otros adultos y  con los niños.

Realmente, adultos y niños vivimos en mundos diferentes. Nosotros con nuestros afanes y compromisos, con nuestras rutinas, con la herencia de una crianza donde tal vez no faltaron los golpes, los gritos, el condicionamiento para poder obtener recompensas, con una capacidad de asombro reducida y la creatividad y la magia en un rincón, con los dispositivos móviles y nuestra “necesidad” de estar revisando constantemente lo que pasa en ellos… Y los niños por su parte, en su mundo de juegos, creatividad y fantasía, donde no existe el afán ni el estrés, con una dimensión del tiempo y el espacio que dista enormemente de la forma como lo vemos los adultos.

Padres, madres, cuidadores, maestros y en general las personas adultas tenemos la gran responsabilidad de acompañar la crianza y la educación de los niños, está en nuestras manos guiarlos para que en el proceso de socialización sean personas felices  y construyan su identidad desde un acompañamiento respetuoso,  libre de violencias, que propenda por formar seres autónomos, libres, que valoren la diversidad y que se relacionen con el mundo desde la empatía, que tomen decisiones propias y que actúen desde la convicción en vez de la obediencia y el temor.

¿Cómo lo logramos?

  • Formarnos e informarnos es nuestra  primera gran tarea: Entender qué está pasando en cada uno de los momentos evolutivos de nuestros pequeños nos puede dar pautas para comprender sus comportamientos y saber desde dónde y hasta qué punto podemos manejar nuestras expectativas con ellos.
  • Una vez comprendamos el momento evolutivo de nuestros hijos, utilicemos una disciplina y unos límites que correspondan a su edad. Tengamos presente la importancia de inculcar relaciones democráticas y flexibles, pues con ello podremos evitar momentos de tensión que se justifican en las relaciones de poder y que impiden la conciliación y el dialogo para llegar a acuerdos.
  • Es nuestro espacio el que debe estar adaptado para que los niños convivan en él: Los niños exploran, juegan, corren, gritan, y de esa manera aprenden y se relacionan con el mundo. Sólo serán niños una vez, permitámoslo hasta donde nos sea posible, guardemos objetos con los que puedan hacerse daño u objetos que puedan dañarse.
  • Revisemos la real importancia de nuestras solicitudes: y cuando sea realmente  necesaria una solicitud acércate a tu hijo y explícale la situación, tal vez comience una protesta por parte del niño que no desea dejar lo que está haciendo, en este caso manifiéstale que lo comprendes y ayúdale a manejar sus emociones ¡ponte en su lugar!

Recuerda que todo el tiempo los niños están aprendiendo de nosotros, y aprenden más de nuestros comportamientos que de nuestras palabras, esforcémonos en ser coherentes con lo que les decimos y lo que hacemos, si no queremos que griten: no les gritemos, si no queremos que peguen: no les peguemos; si queremos respeto: RESPETÉMOSLOS. Preguntémonos más a menudo qué pasa por sus mentes.

¿Cuándo dejará el pañal?

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¿Cuándo dejará el pañal?

La única respuesta a esta pregunta que se hacen tantos padres, madres, familiares, cuidadores y demás es: cuando esté listo.

El control de esfínteres, como otras importantes tareas del desarrollo (como aprender a caminar, a hablar)  no se aprenden, no se enseñan, simplemente se adquieren con el tiempo cuando el niño está listo para ello, y todos los cuerpos son distintos, todas las personas somos distintas. En este proceso intervienen elementos fisiológicos, neurológicos y emocionales. La función de los adultos que acompañamos los niños en su crianza es fundamental para que el logro del control de esfínteres sea exitoso, sano, pero sobretodo respetuoso y tranquilo.

Sin embargo, nuestra cultura está muy preocupada porque los niños aprendan y adquieran habilidades a destiempo, que se acomoden al mundo adulto para facilitarnos la vida, para satisfacer nuestras propias necesidades y expectativas, desconociendo las necesidades y el desarrollo particular y único de nuestros hijos. Esto hace que cometamos algunos errores que podríamos evitar si nos adentramos a comprender de cerca el mundo de los niños, a aprender sobre sus procesos, a fijarnos más en nuestro hijo y evitar comparaciones con los demás.

Una vez el niño controle esfínteres, está listo para dejar el pañal. Hay aprendizajes previos que pueden facilitar el proceso, como la comprensión de las funciones que tienen relación con el control: que el niño identifique qué es orinar, qué es hacer popó; esto acompañado de nuestro lenguaje y de nuestro acompañamiento empático y comprensivo, explicándole siempre clara y sinceramente qué es lo que le ocurre a su cuerpo, aprovechar cada momento para nombrar correctamente las funciones y las partes que tienen relación con el proceso. Esto no sólo cuando nos referimos al control de esfínteres, sino en todo lo relacionado con el cuerpo, pues de esa manera estamos educando en sexualidad también. Con la misma naturalidad que nombramos otras partes del cuerpo, debemos nombrar los genitales.

La identificación de estas funciones no indica que el niño esté listo para controlar sus esfínteres, pero si nos está mostrando que está comprendiendo aspectos importantes de sus procesos biológicos, y es un paso más en su desarrollo. En la vida cotidiana, el niño ya se habrá percatado de la existencia del baño y la identificación de sus funciones fisiológicas de orinar y defecar nos dan pie para comunicarle al niño lo que esperamos de él: “cuando sientas ganas de orinar me informas para acompañarte al baño, así como lo hacen papá y mamá”.

Los profesionales de la salud, indican que entre los 2 y los 4 años de edad, es el momento en que puede esperarse la maduración del cuerpo para el control de los esfínteres, unos lo harán antes, otros luego. Cuando el niño informa de sus necesidad de orinar o hacer popó, es la señal de que el proceso de control de esfínteres ha comenzado, es el momento para ofrecerle el uso del inodoro, ofrecerle acompañarlo para que intente hacerlo como sus padres o hermanos.  Como en todo proceso, puede que unas veces logre llegar al baño, otras no, paciencia, amor y comprensión.

Es probable que el niño aprenda a ir al baño para orinar, y necesite el pañal para hacer popo, esto es normal, es cuestión de darle tiempo para que complete la confianza en sí mismo y logre hacer uso del baño para todas sus necesidades.

En ningún caso, en el acompañamiento de la crianza de los niños debemos hacer uso de la burla, el chantaje, la comparación. Y en el caso del control de esfínteres, los castigos, el enojo o el maltrato pueden entorpecer el proceso, ocasionarles dificultades de salud  y los lastimará en su autoestima.

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Si pudieras devolver el tiempo…

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Si pudieras devolver el tiempo…

Un grupo de 170 mamás nos compartieron sus sentimientos y opiniones respecto a la información que les hubiera gustado tener previa al nacimiento de sus hijos.  Y es que durante el embarazo surgen tantas dudas, emociones y expectativas, que es difícil centrarse en lo verdaderamente importante. Por un lado están los comentarios y recomendaciones de las personas alrededor, por otro, la información circundante en los medios de comunicación, que tantas veces es contradictoria y muchas veces utópica, sumado a la gran lista de objetos para preparar la llegada del bebé, el mercado nos inunda de necesidades materiales y llegamos a creer que si no lo tenemos casi todo, la experiencia puede ser incompleta. Nos entusiasmamos con el color de la decoración, la lista interminable de preparativos, mientras la barriga crece y crece sin parar. Nos encantan aquellas imágenes de familias felices alrededor de un hermoso bebé, rostros radiantes sin rastro de angustia o de cansancio.

Pero la realidad es otra, con la llegada del bebé la explosión hormonal desata una marea de emociones en la nueva mamá, también inicia un periodo crítico en la familia donde la acomodación a las nuevas rutinas y al nuevo miembro es la meta, la instalación de la lactancia es un proceso complejo que requiere de apoyo y comprensión. Quizá, el parto no fue lo esperado y dejó dudas y sentimientos encontrados. El cansancio hace su trabajo en la dinámica familiar ubicando algunos momentos estresantes por la falta de sueño y por la demanda muchas veces incomprensible del llanto del bebé. Innumerables situaciones aparecen, y aquella lista de preparativos para la llegada del bebé parece no ser la apropiada para ofrecer repuestas a lo que se presenta.

La mayoría de las mamás  que respondieron la encuesta (34%) consideran que pudieron haberse preparado mejor en temas relacionados con la lactancia, conocer mejor la técnica de agarre, confiar en su naturaleza mamífera, hacer frente a los temores y prejuicios respecto a la producción de leche, conocer los múltiples beneficios para la mamá, el bebé, la economía del hogar entre otros de la lactancia materna. Sobre este tema, muchas de ellas mencionaron que hubiera sido útil encontrar grupos de apoyo o reunirse con mamás lactantes con quienes pudieran compartir sus experiencias, necesidades, aciertos y dificultades.

Otro de los temas que sobresale, es el deseo de haberse preparado e informado sobre la opción de un parto humanizado (12%). Y es que después de haber tenido su bebé, en muchas mujeres queda la sensación de haber sufrido un trato irrespetuoso y ofensivo durante su parto en los centros de salud. Muchas se enteran de haber sido guiadas hacia una cesárea que no era necesaria, o haber recibido procedimientos sin su consentimiento y previo conocimiento. Todo lo anterior, como lo menciona la Declaración de la OMS sobre la “Prevención y erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención del parto en centros de salud”, no sólo viola los derechos de las mujeres a una atención respetuosa, sino que también amenaza sus derechos a la vida, la salud, la integridad física y la no discriminación.

Asuntos relacionados con la crianza ocupan el tercer tema nombrado por las participantes de la encuesta. Enterarse más del mundo de los pequeños, de los diferentes procesos de cada etapa evolutiva puede ayudar en gran medida a centrar las expectativas en posibilidades más reales. Esto disminuye tensiones y permite un mejor acompañamiento de situaciones complejas como las explosiones emocionales, la alimentación y el sueño infantil, además de fortalecer un patrón de apego seguro entre el niño y sus cuidadores, que siembra semillas en su autoestima y a futuro también puede fortalecer su autonomía e independencia.

¿Qué es lo verdaderamente importante preparar cuando se está en embarazo y cómo hacerlo?

Para cada familia la experiencia de la llegada de un bebé es diferente, lo que algunos pueden vivir como algo satisfactorio y feliz, para otros puede ser difícil y poco agradable. En el cuadro # 1 te compartimos los resultados de la encuesta donde mamás de muchos lugares del mundo nos comunicaron su sentir respecto a lo que creen que les pudo haber sido útil antes de ser mamás.

Te recomendamos asistir a grupos de apoyo, en ellos, escuchar las diferentes experiencias fortalecerá tus conocimientos, disipará algunas dudas y crearás lazos de soporte que te servirán para tomar tus propias decisiones.

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